Cómo comunicar el partido sin pagar com

El subcampeón de Austria deberá disputar un partido sin espectadores y pagar una multa de 30.000 euros tras la agresión a un árbitro recientemente. EFE 23 de noviembre de 2018 - 17:46 CET A partir de la próxima semana, los argentinos y las argentinas que se anotaron en el sitio web de ANSES para cobrar el Ingreso Familiar de Emergencia empezarán a recibir los depósitos de 10.000 pesos en sus cuentas bancarias, en días sucesivos de acuerdo a la finalización de sus DNI.. Sin embargo, de los casi 8 millones de inscriptos para recibir el bono en el contexto del aislamiento ... Johanna Cervone, analista del Partido Demócrata de Estados Unidos. La analista demócrata Johanna Cervone tiene claro que el partido Demócrata está más unido que nunca para sacar a Donald Trump de la presidencia de los Estados Unidos. Cervone, quien ha representado a los Demócratas en el estado de la Florida, dijo a FOCOS que aunque … Ya sea por simple curiosidad o por saber cómo se escucha según la pronunciación de Google Assistant, el asistente tiene un comando con el que le puedes decir que repita lo que tú dices, y este ... ¿Cómo consignar mi cuota de la comunidad en el juzgado? Vivo en una comunidad donde hay un par de vecinos a los que se les ha permitido hacer lo quieran. Han transformado el espacio común, han quitado tubería de jardín han puesto un montón de plantas a su antojo, pusieron una valla que exigí que se quitara y al final el presidente la quitó. A veces nos pasa que tanto el celular, el cable, el servicio de Internet aumentan sin aviso. Sin embargo, la legislación argentina contiene previsiones a favor del usuario. Todo para saber si un aumento es legal o no, y cómo reclamar el descuento. Aumentos sin aviso, cómo reclamar La multa a LaLiga no será 'por espiar a los usuarios', sino por cómo comunicaron desde la aplicación que utilizarían el micrófono para 'detectar uso... Cómo sacar partido al humidificador cinco estrellas que, solo hoy, puede ser tuyo por 15 euros. Hace tiempo que llegaron a nuestras vidas, pero, no ha sido hasta hace unos meses cuando hemos empezado a valorar las ventajas de tener uno. Quiero acogerme a una baja voluntaria incentivada que posibilita mi empresa. Tengo 61 años en Julio y me gustaría jubilarme a los 63 años. Para ello necesito suscribir el convenio especial y abonar las cuotas correspondientes hasta los 63 años para tener el periodo de cotización y anticipar dos años la edad de 65 a los 63 y para mantener una pension de jubilación que no se vea muy mermada. En tu ordenador, abre el navegador web que más uses. Entra en la web oficial de Dazn y créate una cuenta (Si no la tienes ya). Accede con tu email y contraseña. Ya podrás disfrutar de todo su catálogo. Cómo ver Dazn sin descargar. Para ver Dazn sin descargar ningún programa, lo ideal es hacerlo en tu ordenador. Basta con que entres a su ...

El planeta se está calentando de manera catastrófica. Y el miedo puede ser lo único que nos salve.

2019.02.27 00:27 alforo_ El planeta se está calentando de manera catastrófica. Y el miedo puede ser lo único que nos salve.

El planeta se está calentando de manera catastrófica. Y el miedo puede ser lo único que nos salve.
La era del pánico climático está aquí. El verano pasado, una ola de calor asfixió a todo el Hemisferio Norte, matando a docenas de personas desde Quebec a Japón. Algunos de los incendios más destructivos en la historia de California convirtieron millones de hectáreas en cenizas, derritiendo los neumáticos y las suelas de las zapatillas de aquellos que intentaban escapar de las llamas. Los huracanes del Pacífico obligaron a huir a tres millones de personas en China y arrasaron casi por completo la Isla del este de Hawái.
En la actualidad vivimos en un mundo que se ha calentado solamente un grado centígrado desde finales del siglo XIX, cuando se comenzaron a tener registros a escala mundial. Estamos añadiendo dióxido de carbono que calienta la atmosfera a un ritmo más rápido que en cualquier otro momento de la historia humana desde el comienzo de la industrialización.
En octubre, el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático publicó lo que se ha venido a conocer como el informe “del Juicio Final” -“un detector de humo agudo y ensordecedor que ha saltado en la cocina”, como lo definió un funcionario de las Naciones Unidas- que detalla los efectos climáticos de un calentamiento de 1,5º y 2º centígrados. En la apertura de una importante conferencia de las Naciones Unidas dos meses después, David Attenborough, la meliflua voz del programa “Planeta Tierra” (Planet Earth) de la BBC y ahora la conciencia medioambiental del mundo de habla inglesa, lo expuso con más desaliento: “Si no actuamos”, dijo, “el colapso de nuestras civilizaciones y la extinción de gran parte del mundo natural está en el horizonte”.
Los científicos llevan tiempo sintiéndose así. Aunque con frecuencia no lo hayan expresado. Durante décadas, pocas cosas había con peor reputación entre los que estudiaban el cambio climático que el “alarmismo”.
Algo que es un poco extraño. Normalmente no se oye a los expertos en salud pública decir que hace falta prudencia al describir los riesgos de los cancerígenos, por ejemplo. El climatólogo James Hansen, que testificó ante el Congreso sobre el calentamiento global en 1988, ha denominado a este fenómeno “reticencia científica” y ha recriminado a sus colegas por ello, por editar sus propias observaciones tan concienzudamente que no han sido capaces de comunicar lo urgente que realmente era la amenaza.
Esa tendencia se extendió incluso a las noticias que se daban sobre las investigaciones, que eran cada vez más deprimentes. Así que durante años, la publicación de cada artículo, escrito o libro importante era recibida por una nube de comentarios que debatían el ajuste preciso de su perspectiva y de su tono, y los científicos consideraban que a muchos de esos artículos les faltaba el equilibrio apropiado entre las malas noticias y el optimismo, y como resultado los etiquetaban de “fatalistas”.
En 2018, su prudencia comenzó a cambiar, quizá porque todos esos fenómenos meteorológicos extremos no permitían otra cosa. Algunos científicos incluso comenzaron a adoptar el alarmismo, particularmente después de ese informe de las Naciones Unidas. Las investigaciones que resumía no eran nuevas y ni siquiera se discutían las temperaturas más allá de los dos grados centígrados, aunque nos dirigimos a un calentamiento de esa escala. Aunque el informe –un trabajo de casi 100 científicos de todo el mundo– no abordaba ninguna de las posibilidades más terribles del calentamiento, ofrecía una especie de permiso para los científicos del mundo. El nuevo mensaje era: Por fin está bien asustarse. Es incluso razonable.
Para mí, esto es un adelanto . El pánico puede resultar contraproducente, pero hemos llegado al punto donde el alarmismo y el pensamiento catastrófico son valiosos por varias razones.
La primera es que el cambio climático es una crisis precisamente porque es una catástrofe inminente que requiere una respuesta global tajante ya. En otras palabras, está bien alarmarse. La senda de emisiones en la que nos encontramos hoy fácilmente puede llevarnos a un calentamiento de 1,5º C para 2040, 2º C en las décadas siguientes y quizá 4º C para 2100.
La subida de temperaturas podría suponer que muchas de las grandes ciudades de Oriente Medio y del sur de Asia sean mortalmente calurosas en verano, quizá para 2050. Podría haber veranos sin hielo en el Ártico y la imparable desintegración de la capa de hielo de la Antártida occidental, algo que algunos científicos creen que ya ha empezado, podría amenazar con inundar las ciudades costeras del mundo. Los arrecifes de coral podrían desaparecer casi por completo. Y podría haber decenas de millones de refugiados climáticos, quizá incluso más, escapando de sequias, inundaciones, calor extremo y de la posibilidad de que desastres naturales múltiples provocados por el clima sobrevengan simultáneamente.
Hay muchas razones para pensar que es posible que no lleguemos a los 4º C, pero mundialmente, las emisiones todavía siguen creciendo y el tiempo que tenemos para evitar lo que ahora se cree será un calentamiento catastrófico –2º C– se va acortando cada día. Según el informe de las Naciones Unidas, para mantenernos sin riesgo por debajo de ese umbral, debemos reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en un 45% para 2030 con respecto a los niveles de 2010. En vez de eso todavía siguen creciendo. Así que estar alarmado cuando se trata del cambio climático no es una señal de estar histérico, estar alarmado es lo que requieren los hechos. Quizá sea la única respuesta lógica.
Esto ayuda a explicar la segunda razón por la que el alarmismo es útil: Al definir los límites de lo que puede pasar con más precisión, el pensamiento catastrófico permite ver la amenaza del cambio climático con más claridad. Durante años hemos leído en los periódicos cómo se presentaban los 2º C de calentamiento como el nivel más alto tolerable, más allá del cual el desastre estaría asegurado. Un calentamiento mayor casi nunca se discutía fuera de los círculos científicos. Así que era fácil desarrollar un retrato intuitivo del panorama de posibilidades que empezaba con el clima tal y como existe hoy y terminaba con el malestar de los 2º C, el techo del sufrimiento.
De hecho casi seguramente es el suelo. Sin duda los escenarios más probables para finales de este siglo estén entre los 2º C y los 4º C de calentamiento. Por eso, valorar honestamente en lo que se puede convertir el mundo dentro de ese rango –dos grados, tres, cuatro- es una mejor preparación frente a los retos a los que nos enfrentaremos, que retirarse a la tranquilizadora normalidad relativa del presente.
La tercera razón es que mientras la preocupación por el cambio climático está creciendo –afortunadamente- la complacencia sigue siendo un problema político mayor que el fatalismo. En diciembre, una encuesta nacional que buscaba la actitud de los estadounidenses con respecto al cambio climático encontró que el 73 % admitió que el calentamiento global estaba ocurriendo, el porcentaje más elevado desde que se comenzó a hacer esa pregunta en 2008. Pero la mayoría de los estadounidenses no estaban dispuestos a gastar ni siquiera 10 dólares al mes para abordar el cambio climático; la mayoría puso el límite en 1 dólar al mes, según una encuesta realizada el mes anterior.
El otoño pasado los votantes de Washington, un estado verde en unas elecciones azules, incluso rechazaron un modesto plan de impuestos a las emisiones. ¿Esas personas no están dispuestas a pagar ese dinero porque creen que ya no hay remedio o porque creen que no es necesario todavía?
Esta es una pregunta retórica. Si hubiésemos empezado la descarbonización a nivel mundial en 2000, siguiendo el Proyecto Mundial del Carbono (Global Carbon Project), solamente tendríamos que haber recortado las emisiones en un 2 % anual para mantenernos sin riesgo bajo un calentamiento de 2º C. ¿No lo hicimos porque pensamos que ya no había solución o porque todavía no considerábamos que el calentamiento era un problema lo suficientemente urgente como para actuar contra él? Solamente el 44 % ciento de los encuestados el mes pasado citaron el cambio climático como una prioridad política de máxima importancia.
Pero debería serlo. El hecho es que retrasarlo más solo hará que el problema empeore. Si hoy comenzásemos un extenso programa de descarbonización –una tarea titánica de reajustar nuestros sistemas de energía, construcciones, infraestructuras de transporte y de producción de nuestros alimentos– el ritmo de reducción de emisiones debería ser alrededor de un 5 % al año. Si lo retrasamos otra década, requerirá un recorte de emisiones de un 9 % anual. Esta es la razón por la que el secretario general de las Naciones Unidas, Antonio Guterres, cree que solamente tenemos hasta 2020 para cambiar el curso y ponernos manos a la obra.
El cuarto argumento para aceptar el pensamiento catastrófico viene de la historia. El miedo puede movilizar, incluso puede cambiar el mundo. Cuando Rachel Carson publicó su trascendental y polémico libro contra los pesticidas “Primavera Silenciosa” (Silent Spring), la revista Life dijo que había “exagerado su argumentación” y The Saturday Evenig Post calificó el libro de “alarmista”. Pero, casi por sí solo, provocó la prohibición nacional del DDT.
A lo largo de la Guerra Fría, los detractores de las armas nucleares no evitaban alertar sobre los horrores asegurados de una destrucción mutua, y en los años 80 y 90, los que hacían campaña contra la conducción bajo los efectos del alcohol no se sintieron obligados a reivindicar su caso hablando solamente de las bendiciones de la sobriedad. En su informe “del Juicio Final”, el panel del clima de las Naciones Unidas ofreció una analogía muy clara para la clase de movilización que necesitamos para evitar un calentamiento catastrófico: La Segunda Guerra Mundial, a la que el presidente Franklin Roosevelt llamó un “desafío para la vida, la libertad y la civilización.” Esa guerra no se libró solo con la esperanza.
Pero quizá el argumento más poderoso a favor de la sensatez del pensamiento catastrófico, es que todos nuestros reflejos mentales van en la dirección contraria, hacia la incredulidad de que exista la posibilidad de que las consecuencias sean nefastas. Lo sé por propia experiencia. He pasado los últimos tres años sumergido en ciencia climática y siguiendo las investigaciones mientras se introducían en territorios cada vez más sombríos.
Probablemente podría contar con los dedos de las dos manos el número de artículos científicos con “buenas noticias” que me he encontrado en este tiempo. Los artículos con “malas noticias” serán probablemente miles, cada día parecía traer una nueva y alarmante revisión de nuestro entendimiento sobre el trauma medioambiental que ya está en progreso.
Sé que la ciencia es verdad, sé que la amenaza es universal y conozco sus efectos, si las emisiones continúan sin cesar será terrorífico. Y sin embargo, cuando imagino mi vida dentro de tres décadas o la vida de mi hija dentro de cinco décadas, tengo que admitir que no imagino un mundo en llamas sino uno parecido al actual. Así de difícil es sacudirse la autocomplacencia. Estamos viviendo un engaño, incapaces de procesar realmente las noticias que llegan de la ciencia y que nos dicen que el cambio climático es una amenaza universal. De hecho es una amenaza del tamaño de la vida misma.
¿Cómo podemos estar tan engañados? La economía conductual nos da una respuesta. La lista de prejuicios cognitivos identificados por psicólogos y simpatizantes durante el pasado medio siglo puede parecer, como las publicaciones en las redes sociales, no tener fin, y distorsionan y distienden nuestra percepción de un clima cambiante. Estos prejuicios optimistas, tendencias profilácticas y reflejos emocionales conforman una biblioteca completa de engaños climáticos.
Construimos nuestra visión del universo desde nuestra propia experiencia, una tendencia reflexiva que seguramente modela nuestra habilidad para comprender realmente las amenazas existenciales a nuestra especie. Tendemos a esperar a que otros actúen en lugar de actuar nosotros, preferimos la situación presente; tenemos poca disposición a cambiar las cosas y un exceso de confianza en que podríamos cambiarlas fácilmente, si fuera necesario, sin importar su magnitud. No somos capaces de ver nada si no es a través de un autoengaño ciego.
La suma total de todas estos prejuicios es lo que hace del cambio climático lo que el teórico ecologista Timothy Morton llama un “hiperobjeto” –un hecho conceptual tan grande y complejo que no puede comprenderse con exactitud- En su libro “El Peor de los Casos” (Worst-Case Scenarios), el jurista Cass Sunstein escribió que, por lo general, tenemos dificultades para tomar en consideración riesgos potenciales poco probables, a los que evitamos desde la autocomplacencia o desde la paranoia. Su solución es un poco retorcida: Todos deberíamos ser más rigurosos en nuestros análisis de costo-beneficio.
Que el cambio climático demande experiencia, y fe en ella, en el preciso momento en el que la confianza pública en la experiencia está desplomándose, es una de sus muchas paradojas. Que el cambio climático toque tantos de nuestros prejuicios cognitivos es una señal de su magnitud y de cómo afecta a tantos aspectos de la vida humana, a casi todos.
Y desafortunadamente, mientras el cambio climático ha estado acaparando más atención en las últimas décadas, todos los prejuicios cognitivos que nos empujan hacia la autocomplacencia se han incentivado con nuestro relato sobre el calentamiento por un periodismo definido por la cautela al describir la escala y la velocidad de la amenaza.
Así que, ¿qué podemos hacer nosotros? Y, a propósito, ¿quiénes somos “nosotros”? La magnitud de la amenaza del cambio climático implica que es necesario organizarse a todos los niveles, comunidades, estados, naciones y acuerdos internacionales que coordinen la acción conjunta. Pero la mayoría de nosotros no vivimos en las salas de las Naciones Unidas o en las salas del Consejo donde se negoció el Acuerdo del Clima de París.
En vez de eso vivimos en una cultura consumista que nos dice que podemos dejar nuestra seña política en el mundo con base en dónde compramos, lo que vistamos, cómo comemos. Así es que vemos cosas como las últimas recomendaciones dietéticas de The Lancet para aquellos que quieren comer para mitigar el cambio climático –menos carne para algunos, más verduras– o sugerencias como las publicadas en el The Washington Post, a tiempo para las resoluciones de Año Nuevo. Por ejemplo: “Sé inteligente con tu aire acondicionado”.
Pero el consumo consciente es escurrir el bulto, una distracción neoliberal para desviarnos de la acción colectiva, que es lo que necesitamos. La gente debería intentar vivir de acuerdo con sus propios valores, sobre el clima y sobre todo lo demás, pero el efecto de las elecciones de estilo de vida individuales son, en última instancia, triviales comparadas con lo que los políticos pueden conseguir.
Comprar un coche eléctrico es una menudencia comparada con elevar duramente los estándares de eficiencia del combustible. Elegir conscientemente volar menos es mucho más fácil si hay más trenes eficientes y accesibles. Y si como menos hamburguesas al año, ¿qué importa? Pero que a los granjeros se les requiera que alimenten a su ganado con algas, lo que podría reducir las emisiones de metano en casi un 60 % según un estudio, sí sería enormemente positivo.
Esto es lo que se quiere decir cuando se llama a la política “multiplicador moral”. Es también un descanso de la carga personal y emocional del cambio climático y de lo que puede sentirse como una hipocresía al vivir en el mundo tal y como esta y al mismo tiempo preocuparse por su futuro. No pedimos a la gente que paga impuestos para sostener la red de seguridad social que demuestren ese compromiso a través de actos filantrópicos y de la misma manera no deberíamos pedir a nadie –y ciertamente no a todo el mundo– que gestione su propia huella de carbono antes de que incluso intentemos promulgar leyes y políticas que reducirían todas nuestras emisiones.
Esa es la función de la política: que podemos ser y hacerlo mejor juntos de lo que podríamos hacerlo como individuos.
Y la política, de repente, está que arde con el cambio climático. El pasado otoño se formó en Gran Bretaña un grupo activista con el inquietante nombre de Extintion Rebellion e inmediatamente creció tanto que fue capaz de paralizar distintas zonas de Londres durante su primera protesta. Su demanda principal es: “Decid la verdad”. Ese imperativo se repite en los Estados Unidos en la organización de Genevieve Guenther, End Climate Silence y en el proyecto de bases de Margaret Klein, Salamon´s Climate Mobilization, que, de manera inspiradora, ha adoptado las llamadas del panel del cambio climático a canalizar los recursos del planeta hacia la acción contra el calentamiento.
Por supuesto el activismo medioambiental no es nuevo, y estos son solamente los grupos que han surgido durante los últimos años, empujados a la acción por el pánico climático. Pero la alarma también está llegando a los niveles más altos. En el Congreso, la Representante Alexandria Ocasio-Cortez de Nueva York ha reunido el apoyo de los Demócratas para el New Deal Verde –una llamada a reorganizar la economía estadounidense en torno a una energía limpia y a una prosperidad renovable. El gobernador del Estado de Washington, Jay Inslee, se ha declarado, en cierto sentido, como un candidato presidencial de una sola causa.
Y aunque ni a Hillary Clinton ni a Donald Trump se les hizo ni una sola pregunta directa sobre el cambio climático durante los debates presidenciales de 2016, el tema seguramente dominará las primarias demócratas de 2020, junto al “Medicare para todos” y la gratuidad de los estudios superiores. Michael Bloomberg, dispuesto a gastar al menos 500 millones de dólares en la campaña, ha dicho que él insistirá en que cualquier candidato que presente el partido tenga un plan concreto para el clima.
A esto es a lo que se parece el principio de una solución, aunque solo sea un principio incipiente y solo una solución parcial. Probablemente ya hayamos desaprovechado la oportunidad de evitar un calentamiento de 2º C, pero podemos evitar los 3º C y ciertamente todo el terrible sufrimiento que hay más allá de ese umbral.
Pero cuanto más esperemos peor será. Lo que es un último argumento a favor de un pensamiento catastrófico: ¿Qué hay mejor que el miedo para crear una sensación de urgencia? https://www.nytimes.com/2019/02/16/opinion/sunday/fear-panic-climate-change-warming.html
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2015.03.27 21:45 javier-b A la atención de El Plural

Señor Sopena, señor Garrido y demás equipo de redacción de El Plural.
He leído atentamente sus artículos sobre el contenido de esta Plaza, punto de encuentro oficial sobre Podemos. Mi opinión sobre ustedes, lo diré claramente, no es buena. Y no lo es por dos motivos:
1) Ustedes se califican como medio progresista, cuando son un medio al servicio de un partido político. La diferencia es evidente: un medio progresista informa y analiza la realidad desde una perspectiva ideológica y es coherente con esas ideas.
Un medio al servicio de un partido defiende a ese partido y critica a los demás, lo que le lleva a posturas incoherentes. Han sido ustedes beligerantes e insistentes con asuntos como la subida del IVA de Rajoy, que han calificado de "tomadura de pelo", mientras que me ha costado encontrar alguna referencia a la subida del IVA del PSOE poco antes. El que calla otorga y si subir el IVA no es progresista, no lo es si lo hace Rajoy y tampoco lo es si lo hace Zapatero.
En otro asunto en que difícilmente se puede considerar que el PSOE haya hecho política progresista, la reforma del artículo 135 de la Constitución su diario, que opina de todo y mezcla sin pudor opinión e información, publica una nota breve sin firmar y sin el mínimo análisis. Eso no había quien lo defendiese, claro, pero tampoco podían ser críticos.
Un último ejemplo. A los demócratas en general les preocupa el TTIP. Un medio progresista no puede ignorar un tratado que se negocia en secreto, a espaldas de la ciudadanía y que modificará derechos fundamentales. En su diario sólo se habla del TTIP gracias a algunas firmas y en contados comentarios realizados por usuarios.
2) Y de los comentarios precisamente quería hablarles. Un medio que se autodenomina plural debe respetar las opiniones ajenas y las críticas. Ustedes no lo hacen. Habitualmente dejan pasar comentarios en contra de los rivales políticos y algunos comentarios en contra de ustedes. Pero cada vez que he intentado corregir una noticia que aportaba datos falsos, sesgados o parciales he comprobado cómo mi comentario nunca llegaba a ser publicado. Lo mismo le sucede a otros compañeros de esta Plaza. Por aportar, repito, datos que refutaban lo que me ha parecido un trabajo periodístico indigno de ese adjetivo.
Tienen ustedes la piel muy fina para lo mucho que descalifican. Los editoriales del señor Sopena están plagados de descalificaciones, menosprecios que, en ocasiones, merecen un calificativo que me voy a ahorrar, por si me dedican por ello un artículo de política-ficción. Baste resaltar la hipocresía de acusar a Podemos de no hacerse responsable de las opiniones de los usuarios y especificar en su espacio para enviar comentarios que "El Plural no se hace responsable de las opiniones expresadas por los usuarios en este foro". ¿Hipocresía o cara dura?
Y me quiero parar en esta idea un momento. Ustedes pueden opinar y calificar (sobre todo, descalificar) a quien deseen. Los ciudadanos no pueden expresarse en su medio porque se censuran opiniones perfectamente legítimas. Y, las opiniones que se publican, lo hacen con tanto retardo que es imposible un debate sobre las informaciones publicadas. ¿Le parece un ejemplo de pluralidad? ¿O le recuerda a los tiempos en que la opinión pública era patrimonio de quien pudiese pagar una redacción, una imprenta y toneladas de papel?
Desde luego, no lo es. En Podemos creemos en la libertad de expresión. Por eso esta Plaza que ustedes denostan es un espacio abierto. Por eso puede aparecer un farsante haciéndose pasar por uno de sus redactores y publicar sus idioteces. Lo que usted y su aprendiz de brujo esconden es que el farsante no consiguió su objetivo: los usuarios de la Plaza le votaron mayoritariamente negativo porque este es un espacio de diálogo, no de insultos y mucho menos para delinquir.
Y llegados a este punto, quiero aclararle algunos conceptos sobre este espacio que tal vez la edad o su concepto de la libertad de expresión (¿habría luchando contra la censura franquista si sus ideas hubiesen sido afines?) le impiden ver.
1) Plaza Podemos es el foro oficial de Podemos en Internet porque aquí participan los líderes políticos de Podemos y demás órganos internos, para comunicar y debatir (a veces menos de lo que nos gustaría) sus propuestas.
2) Plaza Podemos no es un espacio creado por Podemos, sino que está en la red social de noticias Reddit. Cualquier usuario de Reddit puede participar, sea afín o contrario a Podemos, como sucede habitualmente. Esto encaja con la filosofía del partido, en la que toda la militancia participa en los procesos de decisión y que está abierto a cualquier ciudadano. Puede usted, si así lo desea, acudir a cualquier Asamblea de un Círculo y expresar libremente sus opiniones. A diferencia de su diario.
3) La usurpación de identidad es un delito. ¿Estamos jugando a hacernos la víctima por la payasada de alguien o se trata de algo grave? Si no están apelando al recurso fácil, denuncien. Contarán con todo el apoyo de Podemos y de Reddit para identificar al delincuente y celebraremos que se le aplique la ley si corresponde. Quizá nos llevemos una sorpresa al identificar al autor, ¿verdad?
4) Presume usted de haber alcanzado los 200.000 lectores. Enhorabuena. Yo soy uno de ellos. Miles de los 300.000 inscritos a Podemos lo son. ¿O debería decir que lo éramos? ¿Ha calculado usted cuántos de esos lectores entran a ver qué barbaridad dicen ustedes ese día? La gente se cansa, señor Sopena, y le pueden dejar de leer.
Personalmente, he bloqueado en su página las herramientas de analítica web, incluyendo Comscore, así como los servidores de publicidad. Y ayudaré a cualquiera que lo desee a que puedan acceder a informarse, no de lo que pasa en España, sino de cuál es el ataque de la caverna de hoy, sin contribuir a hinchar las cuentas de un medio que no lo merece. Si va a usted a servir a un partido, que le financien ellos. No lo entienda usted, que tiene la piel tan final, como una amenaza: estoy en mi derecho de bloquear cualquier elemento web que registre mis datos de navegación.
Por cierto, son ustedes responsables de informar de su política de privacidad: qué datos registran de sus usuarios, que esa base de datos está dada de alta en la AEPD, cómo ejercer los derechos de acceso, rectificación y modificación... y la política de cookies, suyas y de terceros. Pues bien, no he encontrado nada en su diario y les puede costar caro. Yo no soy persona de ir tocando las narices, me gusta el diálogo, no la venganza, así que les aviso para que lo solucionen antes de que les cueste una denuncia.
Y les invito a dialogar. En su casa o en la nuestra. Abran los comentarios y moderen una vez publicados sólo aquellos susceptibles de ser denunciables. Pidan al señor Garrido que entre aquí, el de verdad, a debatir. Y hagan de El Plural un medio progresista que apoye o critique a cualquier partido, a cualquier político, por sus ideas y no por su afiliación. Sus lectores se lo agradeceremos y esta democracia tan deficitaria en materia de comunicación también.
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